Lo positivo se consume, lo negativo se replica.
La pregunta: ¿por qué la gente usa las redes para lo negativo? Se supone que es una elección individual.
Para tratar de ser lo más objetivo posible busqué algunos datos de la cantidad de mensajes ofensivos durante el Mundial y encontré que lo hostil es una parte chica del total: la FIFA analizó más de 17,1 millones de publicaciones durante el Mundial y marcó 240.000 como ofensivas tras revisión humana emisorasunidas. Entonces podemos deducir que, a pesar de que ese número es feo, y se habla de comentarios que la FIFA remitió a autoridades por considerarlos graves, racistas, no deja de ser una minoría, pero amplificada, que hace mucho ruido.
La ira o el odio pueden activarse por la frustración de que Colapinto abandonó por un fallo del auto, por la rivalidad con otro piloto que lo chocó o bardeó, o con el equipo porque no le marcó la estrategia adecuada, pero es un sentimiento que ya existe en nosotros y busca dónde descargarse; ahí aparecen las redes que son la plataforma diseñada para alojar esto.
Las redes buscan atención e interacción, y lo que produce esto son las emociones de alta activación, las que nos invitan a hacer algo, a responder, a discutir o a reenviar. La alegría se consume, da paz o satisfacción, genera algunos likes y listo, pero la indignación o el odio se replican. Ojo, también pasa con el humor o con las campañas solidarias, que llaman a la acción, se replican y funcionan muy bien en redes, pero ahora nos interesa el odio.
Hay un libro “Los ingenieros del caos”, que explica entre otras cosas cómo la rabia es una fuente de energía que puede explotarse para cualquier objetivo. El autor dice que hubo un cambio de era: se pasó de buscar el consenso a explotar la rabia, el resentimiento y las emociones extremas para ganar elecciones. El habla de que las redes son el nuevo “carnaval”, ese momento de la historia donde todo estaba permitido, el odio y el humor negro son el espectáculo y los roles y la institucionalidad quedan fuera de juego. Está orientado al poder político, el uso del famoso algoritmo y datos para retroalimentar el odio y conseguir objetivos. 2.TC Da Empoli 312 +2.
Lo que hace el algoritmo, de alguna manera, es premiar lo que genera interacción, y el odio genera mucha. Los mensajes de odio se replican y generan pertenencia entre pares. Y esto podría ser una respuesta de por qué usamos las redes y no un diario íntimo.
Funciona parecido al chisme de pueblo: nadie te va a comentar en la calle “che, ¿viste que fulanito ayudó a empujar el auto a mengano?”. Pero si vemos a dos peleando afuera de un comercio seguro vamos a replicarlo. Y no tiene que ver con que tengamos más odio que solidaridad, de hecho todo lo contrario. Pero en las redes pasa lo mismo: un comentario del tipo “qué bien manejó Franco” o “Te amo Colapinto” se agota rápido y no genera nada, y aunque los comentarios negativos sean minoría, se amplifican. Un mensaje agresivo provoca respuestas, contrarrespuestas y capturas, y cada reacción lo vuelve más visible. Por eso lo negativo ocupa más espacio del que representa.
“Sé que piensan que me defienden, pero generan lo contrario”, dijo Franco en el video que subió. Porque para él es importante no ser un líder negativo dentro de la F1. Nosotros tenemos que entender que la hinchada es parte de su capital y hay señales de que su entorno nos percibe como un riesgo.
Nota de Bernardo Antía, Psicólogo Social



