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Una noche más

Cómo se vivió, disfrutó y sufrió el partido entre Argentina e Inglaterra. Una vez más la Selección dio muestras de su carácter y logró avanzar a la final del Mundial. No era una semifinal cualquiera y todos lo intuían, más allá de lo que pasaba dentro del rectángulo de juego.
Desde el momento en que se cantaron los himnos la sensación se aumentó; quizá desde Italia ´90 no se escuchaban silbidos y gritos de aliento tan estruendosos. Los primeros minutos del juego también fueron así.
Pero cuando el tiempo fue pasando, los jugadores se concentraron en el juego y fue muy parejo.
La Argentina hizo un buen trabajo, evitando los errores individuales y colectivos. Por supuesto alguna chance tuvo el conjunto inglés, y el albiceleste también, pero la etapa inicial no pasó del 0 a 0.
En el complemento, Argentina salió más decidida pero se expuso al contraataque e Inglaterra lo aprovechó: a los 10 minutos, esa falla temida apareció cuando Rogers envió un centro al segundo palo y Anthony Gordon se adelantó al defensor para, con la punta del pie, desviar la pelota y mandarla al fondo del arco.
A partir de allí el duelo -físico y mental- fue todo de la Scaloneta que fue arrinconando al conjunto de Tuchel que optó también por cerrarse atrás.
Aunque el tiempo corría la Argentina no se apuraba. Tuvo un par de oportunidades pero el arquero y el palo le negaron el merecido empate. Sin embargo a los 85´ Messi habilitó a Enzo Fernández que, con un tiro desde afuera del área, empardó las acciones. Y aunque quedaban pocos instantes el conjunto nacional siguió yendo por más. A los 90+2´ otra vez Messi se vistió de asistidor y envió un centro al corazón del área, esta vez apareció Lautaro Martínez entre los defensores y el arquero, y de cabeza anotó el 2-1 que sería definitivo.
Otra vez las gargantas se enrojecieron y quedaron disfonías.  Las tensiones se aflojaron con el pitazo final y la gente se lanzó a la calle para festejar.
Fue una celebración larga y sentida. En La Madrid, la plaza y la Iglesia se convirtieron en el lugar del “banderazo” fue ese espacio elegido para dar rienda suelta a la alegría, para cantar por Argentina y contra Inglaterra, pero por sobre todo para reverenciar al equipo albiceleste, ese que ilusiona ya estando en la final, que seguramente será otro partido para la historia. Pero para el cruce con España todavía faltan un par de días, por ahora vale festejar.