El fútbol, el espejo más intenso: Reflexión psicosocial del ser nacional argentino
MODO PEDAL le preguntó a Bernardo Antía, psicólogo social sobre “el ser nacional” y el fútbol, y cómo es esa relación.
El profesional empieza aclarando que ese “ser nacional” es “una construcción social e histórica, no biológica. No sabemos si esta será nuestra mística eterna, o si la historia nos irá modificando”.
“Se conforma por los recursos que usamos cuando procesamos lo que nos pasa: las crisis, los hitos, las alegrías, las heridas. Nuestra caja de herramientas parecida, el repertorio argentino, contiene coraje, insistencia, pasión, picardía, creatividad, y más palabras que podríamos agregar. Son recursos que incorporamos por nuestra historia y se activan en lo individual, como enfrentamos el dolor, un duelo, una buena noticia; y en lo grupal, cuando procesamos una herida o un logro compartido, en un momento histórico determinado”, apunta.
“El tema es que en lo individual, cada uno usa el repertorio de manera dispersa, asincrónica, en su vida cotidiana. En lo colectivo, en cambio, somos más de cuarenta millones usándolo en la misma orquesta, al mismo tiempo, frente al mismo estímulo: un partido, una crisis, una fecha patria. Por eso el ser nacional se visualiza en lo colectivo, y no en la suma de las individualidades”, aclara.
“En Argentina, ese “nosotros” encuentra en el fútbol su espejo más intenso: que en 90 minutos une lo que en la vida diaria se siente fragmentado. No es la única forma posible, en otros países esa función la cumple la religión, la monarquía, la lengua, algún mito fundacional, pero acá, sin instituciones de ese peso, la selección o el deporte quedó como casi el único refugio disponible para alojar al ser nacional”, subraya.
“Por eso, fuera de la cancha, al ser nacional le cuesta encontrar dónde habitar. Asoma en el 2 de abril, en el 24 de marzo, en el 9 de julio, pero enseguida vuelve la fragmentación de lo cotidiano: cada uno en su rutina, con sus creencias, a veces más cerca de odiar al que piensa distinto que de identificarse con él”, marca Antía.
“Dentro de la cancha, en cambio, todo eso se suspende. Cada individualidad cede una parte para el nosotros: nos cansamos y festejamos juntos, nos abrazamos como casi nunca nos abrazamos con nadie. Lo individual se disuelve para ser parte de un grupo”, remarca.
“Puede ser que, cuanto más fragmentada y golpeada por crisis recurrentes esta una sociedad, más intensa se vuelve esa identificación, por la necesidad de catarsis, compensación y validación colectiva”, destaca.
“Y ahí está, para mí, el quid de la cuestión: la idiosincrasia argentina está cargada. Sabemos, por nuestra propia historia, todo lo que costó. Romantizamos nuestras dificultades y con eso nos plantamos. Cuando brota el ser nacional, aparece la sensación de ser invencibles, y florece la mística de los laureles que supimos conseguir”, indica.
“En ese andar, nuestra intensidad, siento que tiene mucho que ver con que realmente tenemos incorporado que unidos somos más fuertes, nadie se salva solo”, concluye Bernardo Antía.



