Volver al lugar donde uno es feliz
Los lugares nos atrapan por sus cualidades: su belleza natural, su entorno. Todo lo que los rodea genera en la psiquis una reacción inmediata y cada persona tiene un vínculo especial con esos sitios. Para Ailín Garay el Arroyo Salado “es mi lugar en el mundo”, sostiene y cada vez que regresa a General La Madrid regresa a ese espacio tan especial para ella.
La primera prueba en aguas abiertas que compitió Garay fue en la laguna Cuero de Zorro (Trenque Lauquen) en 2019 y en aquella ocasión completó mil metros. Desde aquel entonces la joven deportista lamatritense ha desarrollado una importante carrera nacional e internacional.
Aunque por razones laborales y de estudio no puede seguir enfocada de lleno en la actividad oficial, sigue entrenando en el Club Estudiantes de La Plata.
Y se muestra conforme con los avances: “he podido bajar mis propias marcas en pileta y eso me pone contenta pero extraño competir en aguas abiertas, es lo que más me gusta”, confiesa en una charla distendida con MODO PEDAL.
Ailín recorre el arroyo como si fuera el patio de su casa. Conoce cada recoveco y sabe si el piso está más fangoso o no, si el clima del agua ha cambiado.
Siempre elige nadar sin traje de neopreno, a pesar de que el clima le juegue una mala pasada. Aunque en algunas carreras debió utilizar el método de protección por exigencia para ella “es incómodo y te limita los movimientos”.
Garay se desliza en el agua sin resistencia, a pesar de que el oleaje -teniendo en cuenta las condiciones propias del lugar- la golpee constantemente cada vez que levanta la cabeza para respirar. “Este es mi lugar en el mundo”, insiste. “Acá soy feliz”, sintetiza la nadadora lamatritense, y se nota.






