Primero hay que saber sufrir
“Primero hay que saber sufrir, después amar, después partir y al fin andar sin pensamiento”, dice en una de sus estrofas el tango “Naranjo en flor” y lo del partido entre Argentina y Suiza fue un resumen perfecto de ello. Fueron 130 minutos en los que los hinchas pasaron por todos los estados de ánimo.
Pocos se van a acordar del desarrollo global del 3-1. Los más memoriosos sólo repararán en el golazo de Julián Alvarez y en el festejo final.
En instancias definitorias lo más importante es el resultado definitivo y que la Argentina ya esté en la Semifinal es, por estas horas, lo que se celebra. Pero hay que ir un poco más allá. Salvo en el minuto 10 que, con el gol de cabeza de Alexis Mc Allister, la Albiceleste casi nunca tuvo el dominio emocional ni táctico del partido, que recién volvió con la expulsión de Embolo y faltaba casi un cuarto de hora para el final. El resto fue todo de suiza. Aunque en las estadísticas definitivas (130 minutos) la Albiceleste tiene mayor posesión de la pelota, más remates, y más corners, lo cierto es que el equipo de Lionel Scaloni fue dominado.
Después de que el conjunto nacional abriera el marcador, el helvético comenzó a manejar las acciones, obligándolo a equivocarse. La albiceleste tiene la costumbre de dominar el balón y cuando no lo hace, intenta obligar a su rival a equivocarse pero esta vez pocas veces pudo hacerlo.
Suiza pudo empatar a los 67 minutos, tras varias tapadas de “Dibu” Martínez y un par de sobresaltos. Pero cuando tenían el control, los europeos se equivocaron: Breel Embolo fue expulsado por doble amarilla, tras simular una falta.
Podrá discutirse si correspondía la amonestación o no porque en un país donde, en el fútbol como en la vida, se juega a la simulación, la aplicación de la fría ley lo beneficio.
Esa jugada, la expulsión, fue una inyección anímica a la Argentina porque de allí en más, y en casi todo el tiempo suplementario, la Argentina recuperó algo de su juego. No a partir del orden, está claro, sino de esa enjundia que lleva a su rival hacia atrás. La Scaloneta parece tener un plus en los momentos más difíciles y si sólo se miran los últimos 50 minutos (el tiempo reglamentario más la prórroga) no se entiende por qué tanto sufrimiento anterior.
A los 112 minutos, Julián Alvarez tomó la pelota en el vértice externo del área y parecía que iba a encarar a la guardia suiza (ocho de los diez jugadores estaban dentro del área) pero se corrió unos metros, apenas levantó la cabeza vio el espacio y sacó un remate que fue haciendo una comba imposible. El gol hizo estallar al estadio, por su factura y porque le comenzaba a dar la clasificación a la Argentina.
Y a los 120 + 1, la Selección salió rápido de contra y Thiago Almada no pudo definir, pero el rebote en Kobel, le quedó a Lautaro Martínez que cerró el partido.
Nuestra mente tiene la capacidad de recortar imágenes según nos convenga y elegir los momentos más felices para recordar: los gritos para aflojar tensiones, los primeros bocinazos en la fría madrugada, el abrazo compartido y el grito por Argentina en la esquina de la plaza. Esa serán los recuerdos más lindos del 11/12 de junio, y ahora a empezar a pensar en Inglaterra, en el gol de Maradona y la inevitable referencia a las Islas Malvinas. La alegría ahora nos desborda pero por qué siempre primero hay que saber sufrir!!



















